martes, 8 de agosto de 2017

Al rojo vivo


La propuesta de Botafogo es poco convencional. Ritmo de blues y canto de protesta. No necesita un megáfono. Vomita su bronca mientras el slide desgrana las cuerdas duras de una resonadora. Bota le canta a la Barrick y a Monsanto. A los títeres de las corporaciones. Putea a los que gobiernan y a los que gobernaron. Cuenta la historia de Pan y Vino, el campesino. Le agradece a Chomsky y se acuerda de la madre de Gioja. Advierte sobre las bases militares estadounidenses. Las palabras salen de su boca como bombas molotov. Bota está al rojo vivo. No se guarda nada. Ni siquiera un insutlo. En este lunes húmedo de blues tiene gana de decir sus verdades sobre una melodía infantil o el boogie hipnótico de John Lee Hooker. Nada ni nadie se lo impide. Nadie se ofende.

Bota toca cerca de una hora. La luz roja lo baña suavemente mientras el público lo escucha con atención. No todo es áspero. Interpreta tres temas de Pappo. “Probé con Leo García pero no funcionó. Probé con la cumbia y la bachata y tampoco funcionó. Yo ya no puedo, esta música dejar; bluuuues solamente”. Improvisa parte de la letra de Slide blues. Recurre a la ironía y a algún que otro dardo venenoso. Reconvierte Desconfío y el Hombre suburbano en hermosas piezas campestres. Esa sea la parte más amena del show. La gente se copa y tararea los estribillos y aplaude. Lo espera un sándwich vegetariano y un agua mineral. Eso apura el final. “Me quiero despedir con una canción que habla de Dios… bah eso”, dice mientras hace un gesto despectivo con sus brazos. Termina los últimos acordes de la canción, apoya la guitarra y bromea: “Ahora los dejo para que empiecen a pasarla bien”.

Él sabe que el camino que eligió es el más difícil y el menos comercial. Pero no le importa. Ya pasó los 60 años y su historia lo respalda. No quiere cantar en inglés sobre como curar las penas ahogándose en whisky. Quiere denunciar a las corporaciones, a los políticos corruptos y a los periodistas obsecuentes. Aunque lo critiquen y lo dejen de lado.

Bota vive de la música. De su música. Se lo ganó con talento, esfuerzo y dedicación. Es una parte fundamental del engranaje del blues local y a esta altura de su vida nadie le va a decir qué es lo que tiene cantar. A pocos días de una elección nacional, Bota vuelve a disparar munición gruesa. Eso provoca angustia y genera conciencia. Así, un lunes lluvioso y nostálgico el maestro inaugura los Blue Mondays de Bluscavidas con todas sus verdades, siempre con ritmo de blues.

2 comentarios:

marcos lenn dijo...

Esa parte poética tuya de periodista interesado (no cómodo en el repetitismo) en el tema mata Martín. Es muy bueno el hecho de no chamuyar con lo fácil. Abrazo!

Tony Soulman dijo...

J.B. Lenoir