sábado, 10 de febrero de 2018

La Usina del Blues

Fotos gentileza La Usina del Arte y Baires Blues
El auditorio de la Usina del Arte se tiñó de azul el viernes para una doble presentación internacional. Sax Gordon y Carlos Johnson, con propuestas diferentes, engalanaron una noche con buena música ante una sala colmada.

La banda que acompañó a Sax Gordon, la base del Club del Jump, sonó muy ensamblada: el groove del bajista chileno Freddy Muñoz se recostó bien sobre la batería estable de Gonzalo Rodríguez, y los hermanos Martín y Alberto Burguez se encargaron de las armonías y algunos solos con mucha autoridad. Así, lograron plasmar sobre el escenario de la Usina las casi dos semanas que llevan tocando, casi a diario, con el maestro del saxofón.

Por el contrario, a Cruxados le costó respaldar a Carlos Johnson. Fue la primera presentación de la banda de Azul con el guitarrista zurdo y se notó la falta de ensayos. Johnson no planteó el típico sonido de Chicago, sino que buscó hacer algo más moderno y al grupo le resultó difícil seguirlo. Probablemente con el correr de los shows puedan afirmarse. Talento no les falta.

Todo empezó a las 21. Muy puntual. Sax Godron apareció vestido de blanco, con su saxo colgando, y de entrada nomás comenzó a soplar con mucha intensidad los primeros acordes de la animada I need your love y una vez que terminó la canción, sin respiro, siguió en la misma línea con Somebody. “¿Les gusta el blues? ¿Quieren blues?” preguntó y, ante la respuesta positiva y enfervorizada del público la banda se sumergió en un blues cadencioso y profundo, The way it is, en el que el saxofonista desplegó todos sus trucos y bajó a tocar entre la gente. Siguió con un funky instrumental, DD rider, inspirado en el sonido de Memphis, donde prevaleció el hammond de Alberto Burguez, y luego Sax Gordon planteó un diálogo de saxo y percusión con Rodríguez.

Freddy Muñoz dibujó unas exquisitas líneas de bajo en el comienzo del tema en el que Sax Gordon más se lució cantando: Big and hot. Aquí Alberto Burguez cambió el sonido hammond por el del piano y se acopló a la perfección. Luego, en The misfit, Freddy Muñoz volvió a calibrar su ritmo feroz y Martín Burguez, que cumplió una extraordinaria tarea como guitarrista rítmico, se lanzó con un solo emocional. Sobre el final, Sax Gordon le dedicó la dulce balada souleada Gone a las mujeres de la sala y cuando parecía que ya no había tiempo para más dijo “Quiero un poco más de funky” y cerró con Have horn will travel.



La Usina siguió generando blues y a las 21.50, después de un breve receso de diez minutos aparecieron en escena los músicos de Cruxados. Interpretaron un shuffle instrumental y el guitarrista Nicolás Duba presentó a Carlos Johnson que, vestido de negro y con una gorra deportiva, se sentó en una banqueta y conectó su Epiphone. Al poco ensamble de la banda se sumó un acople bastante molesto entre la viola y el micrófono de Johnson. Pero nada impidió que brotara blues desde sus dedos (toca sin púa), con I’ll play the blues for you. Comenzó tocando muy suave, casi acariciando las cuerdas, y cantando melodiosamente para después estallar en descarga de furia eléctrica.

“¿Dónde está mi cerveza? Sin cerveza no hay blues”, bromeó el guitarrista antes de interpretar Hi heel sneakers, en el que pidió un solo de piano que quedó sepultado por el intenso sonido del resto de la banda. Siguió con un tema que -según explicó- lo escribió pensando en las mujeres con las que mantiene “eye contact” durante los shows y que cuando termina y las busca ya no están. En clave de smooth jazz, ahora sí con el teclado a un volumen más razonable se lanzó en una aventura que Cruxados sufrió por no estar acostumbrados a ese estilo. Para terminar, Johnson eligió un medley de Jimmy Reed, que incluyó You don’t have to go y Bright lights big city, en el que le pidió un punteo a Duba y tuvo que arengarlo para que no lo dejara en la primera vuelta, y luego recurrió al tecladista, que en vez de tener su teclado en modo piano se despachó con un inoportuno solo de hammond. Pero Johnson no se desanimó y siguió incitándolos a más, incluso al bajista, que no se amilanó. De a poco, la banda fue bajando la intensidad y desde su guitarra zurda Johnson tocó, a modo de despedida, los acordes de Eleanor Rigby.

Pese a esos detalles, fue una gran noche de blues, protagonizada por dos carismáticos músicos estadounidenses que saben cómo relacionarse con el público. Blues internacional, gratis y en una sala de lujo. ¿Qué más se puede pedir? Que haya más… mucha más usina del blues.

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