domingo, 15 de abril de 2018

Auténtico y novedoso


Hace poco salió una nota en el diario El País de España en la que su autor, Fernando Navarro, sostiene que el nuevo disco de Ben Harper y Charlie Musselwhite “reivindica un género en vías de extinción”. Una sentencia completamente errada. El blues no corre peligro de desaparecer porque es un género dinámico, evolutivo, que está en constante expansión y que también ofrece muchísimo para descubrir hacia atrás. Sin embargo, aquí es donde colisionan dos posturas. Por un lado, determinados puristas cuestionan y atacan todo lo que se aleje de lo que ellos consideran blues. Y por el otro, están los músicos de la nueva generación (y oyentes), que llegan con otro bagaje musical, mucho más amplio que el de sus predecesores, que a la hora de componer, tocar y grabar (y escuchar) lo hacen a su manera, a veces ampliando los límites de la tradición. Los puristas tienen como misión preservar y difundir el sonido de antaño y promocionar a los músicos vivos que se ajustan a ese parámetro. Una tarea enorme y respetable. ¿Pero está bien hacerlo descalificando, criticando, insultando a todos los demás?

Charlie Musselwhite nació hace 74 años en Kosciusko, Mississippi, creció en Memphis y se formó musicalmente en Chicago con maestros como Little Walter, Carey Bell y Walter Horton. Trabajó y vivió en la disquería de Bob Koester, creador del sello Delmark, y fue amigo de Big Joe Williams y John Lee Hooker. Editó más de 30 discos, y tocó y grabó con músicos como James Cotton, Billy Branch, Luther Tucker, Fenton Robinson, Louis Myers y muchos más. Le sobran pergaminos y no debe rendirle cuentas a nadie. Harper tiene 48 años, es californiano y su música está conformada por una amplia paleta sonora y multicultural que incluye folk, blues, soul, gospel, reggae, funk y rock. La sociedad entre ambos, que comenzó en 2013 con la edición del extraordinario disco Get up!, es una de las mejores cosas que le pasó a la escena musical en el último tiempo.

Musselwhite y Harper no vienen a salvar al blues porque el blues no necesita salvadores. Y tampoco están para borrar la historia con el codo. Ellos vienen a aportar lo suyo, transmitir su arte, y encontraron su forma de hacerlo a través del blues. No mercy in this land es un extraordinario assemblage de estilos que sigue la línea del disco anterior. Harper escribió la mayoría de las canciones, canta y toca guitarras acústicas y eléctricas, mientras que Musselwhite vierte con su armónica el toque del Delta y Chicago. Además, los acompañan Jesse Ingalls en bajo y teclados, Jason Mozersky en guitarra y Jimmy Paxson en batería.

El disco comienza con When I go, un spiritual que deriva en una descarga eléctrica y la voz comprometida de Harper se fusiona con el sonido cautivante de la armónica de Musselwhite. Siguen con Bad habits, un blues animado en el que hacen referencia a las mujeres, el alcohol y las drogas. Love and trust es el primer tema acústico, más en la onda solista de Harper, con unas hermosas armonías vocales. En The bottle wins again vuelve sobre la temática de Bad habits, pero aquí la voz de Harper pierde un poco de prestancia, aunque sobresale con un exquisito solo de guitarra. Found the one tiene un groove más contagioso gracias al repiqueteo perpetuo de la batería. Promediando la mitad del álbum, el dúo se sumerge en la balada When love is not enough, una hermosa y conmovedora composición que cae en la obvia conclusión de que con el amor no es suficiente.

Trust you to dig my grave es un blues acústico que nos lleva al Delta del Mississippi, aunque la voz de Harper también le da ese toque personal cuando desestructura el estribillo con una sorpresiva melodía. El tema que da el nombre al disco es otro mano a mano acústico entre Harper y Musselwhite en el que el armoniquista también aporta su voz curtida y profunda. Aceleran sobre el final con un sonido más crudo en Movin’ on y cierran con la seductora balada Nothing at all, que se va con un solo de Musselwhite con el que demuestra toda su versatilidad.

No mercy in this land no es un disco enteramente de blues, pero es otro camino para que el blues se abra a nuevos públicos. Se trata de un puñado de canciones interpretadas con mucho sentimiento, que suenan muy bien y que dejan, en conjunto, una sensación de que en ellas hay algo muy auténtico y novedoso.


El blues como resistencia vital - El País de España

1 comentario:

Tony Soulman dijo...

Leí la nota a la que haces referencia. El autor es un zapato, lisa y llanamente. Leíste los comentarios de los usuarios?